Mecanismo y Organismo

Si tuvieramos que elegir uno de estos dos términos para describirnos, no lo dudaríamos.

Los seres humanos somos formas de vida complejas compuestas de sistemas interdependientes, capaces de manejar una gran cantidad de variables simultáneamente. Por ejemplo, puedes estar cepillándote los dientes mientras lees la etiqueta de la pasta de dientes, sientes que te duele una muela, te pones de mal humor al respecto y decides llamar al dentista mañana a primera hora. Mientras tanto, también habrás estado respirando, digiriendo, bombeando sangre por tu cuerpo, manteniendo tu temperatura estable y combatiendo la infección de la muela, entre muchas otras cosas.

Un mecanismo es mucho más sencillo. Un simple ensamblaje de partes que realiza una única función. Funciona de manera lineal, es decir, unas entradas (inputs) predeterminados producirán siempre las mismas salidas (outputs). A veces los organismos también pueden operar de manera mecánica. Así es como funcionan los reflejos; generan una reacción automática rápida. Esto es útil cuando hay una emergencia, como retirar la mano cuando te estás quemando. Un comportamiento también puede quedar fijado como un patrón si fue útil, como decir por favor y gracias o elegir el mismo cubículo en los servicios. Sin embargo, podemos encontrarnos utilizando este tipo de reacción mecánica en situaciones que no son tan sencillas. Esto sería como una reacción en 2D a una cuestión 3D: como no se han tenido en cuenta algunos detalles, lo más seguro es que no nos sirva como nos gustaría. De hecho, Fritz Perls, el padre de la terapia Gestalt, utilizó el término “mecanismos neuróticos” para referirse a maneras de sobrellevar circunstancias desafiantes descnectándonos de la realidad, es decir, evitando vivirla por completo.

En estos casos, nos puede parecer que estamos como en un disco rallado y que no podemos evitar volver a hacer siempre lo mismo. Darnos cuenta de que hemos perdido nuestra libertad de respuesta es lo primero. Puede que simplemente darnos cuenta rompa el hechizo, pero si no, ¿qué tal honrar nuestra sofisticación intrínseca como organismos para desdoblar todos los distintos aspectos de nuestra experiencia y tenerlos en cuenta? Cuanto más amplia y profunda sea la experiencia del ahora, más opciones se nos abren. ¿Qué aspecto de la situación no he tenido en cuenta? ¿Mi bienestar físico? ¿Una emoción? ¿Mis valores? ¿Un no? ¿Una oportunidad? ¿Un deseo? Responder de manera coherente con el todo que somos puede a veces no ser una cuestión fácil, pero es la única manera de realizar nuestro potencial y nuestro derecho de nacimiento como seres humanos a vivir de manera creativa. ¡Y eso nos reconforta y empodera!

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